sábado, agosto 12, 2006

¿Le Cuido el Vehículo?

LA HIPÓCRITA SOLIDARIDAD


por Mervy Enrique González Fuenmayor

- Jueves 10 de agosto de 2006 -


Son tantas las cosas que ocurren en este mundo, que ciertamente cuando uno se decide a materializar por escrito algunas ideas y pensamientos, se da perfectamente cuenta que existe una multiplicidad de situaciones, hechos y fenómenos que a pesar de que forman parte de nuestro entorno no las percibimos, o simplemente las ignoramos o no queremos involucrarnos con ellas. Una de esas situaciones es justamente la que subsume el título de las presentes reflexiones. De ello podemos dar fe la mayoría de las personas que vivimos en los países latinoamericanos, aunque también es frecuente observar el mismo fenómeno en países desarrollados o civilizados como acostumbran algunos llamar. Generalmente el cuidador o los cuidadores de carros, coches, automóviles o vehículos es gente necesitada, carente de recursos económicos, personas que viven prácticamente en la indigencia o sencillamente no tienen empleo o la fuente segura para proveerse la satisfacción de sus propias necesidades. El perfil de estas personas suele coincidir con niños, ancianos, discapacitados, con problemas de conducta y a veces personas con un grado de enfermedad bastante elevado, ya se trate de enfermedades orgánicas o psíquicas.

Las situaciones que hemos esbozado en el párrafo anterior necesariamente debemos vincularlas con el problema de la solidaridad humana, y esta debemos entenderla como adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros. No se requiere ser especialista para calificar la problemática conductual humana, ni mucho menos poseer conocimientos extraordinarios para poder percibir quiénes son las personas que necesitan de nuestra ayuda y de nuestra solidaridad, sin embargo como ya he dejado entrever al inicio de este artículo, existen un número mayoritario de personas que no practica la solidaridad como una actitud piadosa, de misericordia, de caridad y amor al prójimo. Son aquellos que viven una vida ejerciendo y manejando la filosofía que el siglo veinte y también el inicio de este siglo veintiuno ha dado en llamar: la filosofía de ganar-ganar. Pobres personas, hasta este momento ellos han creído y pensado que los infelices son esos pobres, carentes de recursos económicos para proveerse una vida próspera o simplemente la satisfacción más o menos decorosa de sus necesidades. Creen y hasta los califican como infelices, por qué viven en la marginalidad y porque exhiben su miseria económica sin ninguna vergüenza. Pero la experiencia y el correr de los años me ha revelado que ciertamente a quienes se le podría considerar como infelices son a esas personas que van por el mundo pensando que la riqueza, el bienestar, la prosperidad, la buena vida, la profesionalización, la buena educación y una excelente posición social son los mecanismos y medios que garantizan la felicidad, la paz, la alegría, el amor y todas las cosas buenas de esta vida. Nada más incierto y falso que esta particular forma de percibir la vida, el mundo y quienes vivimos en él.

Se trata en una sola palabra de gente que no tiene solidaridad, generalmente son personas egoístas, mezquinas que sólo piensan en su propio bien y no les importa la suerte o la desgracia que persigue a los desprotegidos, necesitados, enfermos, desvalidos y olvidados de Dios. ¡Qué triste e irónica es la vida! Lo tenemos todo, o al menos creemos tenerlo, riqueza, poder, fama, buena posición, reconocimiento, títulos, prestigio y sin embargo vivimos una vida vacía llena de problemas que no nos atrevemos a conversarlos con nadie y que han dejado nuestra epidermis ética, familiar y moral tan lesionada como que si hubiese sido castigada con un látigo acerado. Esa es la absurda realidad: tenerlo todo pero en definitiva no tener nada, porque quien carece de amor, paz, armonía y la buena convivencia familiar y con el entorno, aunque fuese grandemente rico y pudiese satisfacer cualquier necesidad o capricho, ello no bastaría para llenar el vacío que sienten en su alma y en su corazón y al mismo tiempo en su familia. Ese vacío jamás lo puede llenar el dinero, la prosperidad o el cumplimiento de las metas que nos hayamos trazado en nuestra vida, sean estas sociales, políticas, económicas o de cualquier otra especie. Este vacío o soledad no puede suplirse con bienes materiales, con dinero o con satisfacciones efímeras. Ni con remedios, fármacos, medicamentos o cualquier otro producto sanador; debido a que ese vacío y soledad que experimenta nuestra existencia solamente puede ser cubierto o llenado por el ejercicio pródigo y abundante de actitudes morales, éticas, cargadas de justicia, de amor, de honestidad, de solidaridad, de caridad, de ayuda al prójimo, de ayuda a la sociedad, en fin, con la práctica de las llamadas virtudes teologales y que para mayor abundamiento me permitiré transcribir , dada su importancia, trascendencia en la existencia de cada uno de nosotros y como un medio para que a través de ellas y su ejercicio por parte nuestra hagamos de este mundo un mundo mejor o por lo menos dejarlo en mejores condiciones que aquellas en las cuales lo encontramos cuando nacimos.

Con vuestro permiso, citaré lo que al respecto señala EL CATECISMO DE NUESTRA SANTA IGLESIA CATÒLICA, en relación con LA SOLIDARIDAD HUMANA:

III LA SOLIDARIDAD HUMANA

1939 El principio de solidaridad, enunciado también con el nombre de "amistad" o "caridad social", es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana (cf SRS 38-40; CA 10):

Un error, "hoy ampliamente extendido, es el olvido de esta ley de solidaridad humana y de caridad, dictada e impuesta tanto por la comunidad de origen y la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, cualquiera que sea el pueblo a que pertenezca, como por el sacrificio de redención ofrecido por Jesucristo en el altar de la cruz a su Padre del cielo, en favor de la humanidad pecadora" (Pío XII, enc. "Summi pontificatus").

1940 La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo en favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada.

1941 Los problemas socio-económicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad: solidaridad de los pobres entre sí, de los ricos y los pobres, de los trabajadores entre sí, de los empresarios y los empleados, solidaridad entre las naciones y entre los pueblos. La solidaridad internacional es una exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella.

1942 La virtud de la solidaridad va más allá de los bienes materiales. Difundiendo los bienes espirituales de la fe, la Iglesia ha favorecido a la vez el desarrollo de los bienes temporales, al cual con frecuencia ha abierto vías nuevas. Así se han verificado a lo largo de los siglos las palabras del Señor: "Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura" (Mt 6,33):

Desde hace dos mil años vive y persevera en el alma de la Iglesia ese sentimiento que ha impulsado e impulsa todavía a las almas hasta el heroísmo caritativo de los monjes agricultores, de los libertadores de esclavos, de los que atienden enfermos, de los mensajeros de fe, de civilización, de ciencia, a todas las generaciones y a todos los pueblos con el fin de crear condiciones sociales capaces de hacer posible a todos una vida digna del hombre y del cristiano (Pío XII, discurso de 1 Junio 1941).

Para terminar, so pena de que los lectores me califiquen como tedioso, hago mías las opiniones del sacerdote ZEZINHO (El difícil arte de ser bueno), condimentadas con nuestras opiniones:

"Aquel hombre que, en un restaurante de lujo, gastó un tercio de su salario con sus amigos, y que al salir negó una propina equivalente a un sandwich al jovencito que le vigiló en la auto, es criminal y no lo sabe. Gastó su dinero con personas equivocadas. Dio comida al estómago lleno. Negó a quien realmente necesitaba. El marginal es él y no el jovencito , el niño, el anciano, el discapacitado , el indigente , el desprotegido o el necesitado a quien precisamente no le dio la propina por haberle cuidado de su carro, vehículo o coche. Si no quería que esas personas vigilasen su automóvil, tendría que habérselo dicho al momento cuando entró en ese restaurante. El hacer el trato y no cumplir, fue extraordinariamente malvado.

La delincuencia juvenil, la indiferencia, la miseria, y la materialización del crimen en cualquiera que sea la modalidad de estos fenómenos, generalmente es consecuencia de la displicencia de los adultos y la falta de sensibilidad de los padres de familia que no dan nada porque no tienen cambio”.

Con esto le ponemos punto final a estas reflexiones, no sin antes reiterar la necesidad que tenemos todos los seres humanos de practicar la solidaridad humana, porque a través de ella nos edificamos como personas, fortaleciendo nuestros valores éticos y morales así como los familiares, obteniendo trascendencia espiritual y material y al mismo tiempo cumpliendo con el ejercicio de la bondad, el altruismo, la solidaridad, que en definitiva en lo que se necesita para hacer de este mundo, un mundo mejor. No se puede transformar la sociedad si nosotros particularmente no nos hemos transformado interiormente, si nosotros cambiamos para lo bien y dejamos atrás el egoísmo, la mezquindad, la falta de sensibilidad humana, la vanidad, la envidia, la petulancia, la soberbia, la prepotencia, la autosuficiencia en todos aquellos sentimientos que nos aíslan de nuestra condición humana , estoy plenamente seguro que este mundo cambiará y que en lo individual tendremos una vida rica en bendiciones, en paz, en prosperidad, en alegría, en amor y prodiga en bienes espirituales y materiales. Que Dios y La Virgen Madre María bendigan a los lectores de este artículo y de todos aquellos que contengan orientaciones edificantes e igualmente para todos sus familiares y amigos. Amén... y Amén.-

martes, agosto 01, 2006

¿CÓMO LOGRAR SER VANIDOSOS, PRESUNTUOSOS Y ACOMPLEJADOS?

por Mervy Enrique González Fuenmayor

- Lunes 31 de julio de 2006 -

El título de las siguientes reflexiones, tal vez no sean del agrado de muchos lectores. Quizá lleguen hasta pensar que la temática que hemos seleccionado para el contenido del presente artículo no nos atañe, es llover sobre mojado o simplemente no es de nuestro interés. No obstante estas especulaciones casi con certeza puedo expresar que inexorablemente nos veremos reflejados de alguna manera en ese contenido, excúsenme la seguridad de afirmar lo anterior. Pero veamos: empezaremos por definir o mejor transcribir el significado de estos tres vocablos o términos para ambientarnos en el marco teórico de lo que se escribirá en párrafos posteriores.

“Vanidad. (Del lat. vanĭtas, -ātis). f. Cualidad de vano1. || 2. Arrogancia, presunción, envanecimiento. || 3. Caducidad de las cosas de este mundo. || 4. Palabra inútil o vana e insustancial. || 5. Vana representación, ilusión o ficción de la fantasía. || ajar la ~ de alguien. fr. coloq. Abatir su engreimiento y soberbia.

Vanidoso, sa. adj. Que tiene vanidad y la muestra”.

Ahora veamos el significado del término presuntuoso:

“Presuntuoso, sa. (Del lat. praesumptuōsus). adj. Lleno de presunción y orgullo. U. t. c. s. || 2. Que pretende pasar por muy elegante o lujoso. U. t. c. s.

Presuntuosidad. (De presuntuoso). f. Presunción, vanagloria.

Presuntuosamente. adv. m. Vanamente, con vanagloria y demasiada confianza”.

Procedamos de igual manera, el término complejo o acomplejado:

“Complejo, ja. (Del lat. complexus, part. pas. de complecti, enlazar). adj. Que se compone de elementos diversos. || 2. complicado (ǁ enmarañado, difícil). || 3. m. Conjunto o unión de dos o más cosas. || 4. Conjunto de establecimientos fabriles de industrias básicas, derivadas o complementarias, generalmente próximos unos a otros y bajo una dirección técnica y financiera común. || 5. Conjunto de edificios o instalaciones agrupados para una actividad común. || 6. Psicol. Conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento. || complejo de Edipo. m. En el psicoanálisis, inclinación sexual del hijo hacia el progenitor del sexo contrario, acompañado de hostilidad hacia el del mismo sexo. || complejo de Electra. m. Refiriéndose a las niñas, complejo de Edipo. || complejo industrial. m. complejo (ǁ conjunto de establecimientos fabriles). □ V. número ~.

Acomplejado, da. (Del part. de acomplejar). adj. Que padece complejos psíquicos. U. t. c. s.

Acomplejar. tr. Causar a alguien un complejo psíquico de inferioridad, inhibirlo. || 2. prnl. Padecer o experimentar un complejo psíquico de inferioridad o inhibición”.

Los significados anteriores permiten de manera muy fácil afirmar que no estamos exentos de formar parte de esa familia que encabeza la presente reflexión. O por lo menos haber transitado sus caminos, haber formado parte de ella y no serlo hoy o sencillamente estar a punto de iniciar la vía que nos podría conducir lastimosamente hasta esos predios que son la puerta ancha que conduce a finales y epílogos tenebrosos, infelices y llenos de tragedia.

Es difícil tratar esta clase de temas, sobre todo si tomamos en cuenta que los mismos por producir situaciones emotivas que tocan profundamente nuestros más puros sentimientos al igual que nos remontan a evocar hechos, actos y un sinnúmero de cosas que probablemente nos depriman, entristezcan y nos generen estados de fatídica nostalgia. Este comentario guarda pertinencia en virtud de la actitud que caracteriza a la mayor parte de los seres humanos que no quieren enfrentarse ni a su pasado, ni asumir en el presente ciertas responsabilidades y mucho menos vislumbrar un futuro que es predecible por causa, bien de nuestros errores o de nuestro presente en el vivir. La humanidad, la historia y las ciencias que se encargan de estudiarlas tales como la sociología, la historia, la psiquiatría, la medicina, el derecho y otras se han encargado de informarnos que “no somos tan malos como algunos piensan, pero estamos lejos de ser tan buenos como pensamos ser” (P.ZEZINHO. EL DIFÍCIL ARTE DE SER BUENO "Caracas-Venezuela. Ediciones Paulinas. 1991).

Y ya que hemos traído a colación lo escrito por P. Zezinho, es de suyo que también transcribamos parte de lo que reseñó en el libro antes señalado:

"Hay personas que tienen necesidad de hacer propaganda de sí mismas. Hablan de sus logros, de sus títulos, de sus proyectos, gratuitamente, sin que nadie le pregunte. A veces ni siquiera se dan cuenta de que están hablando de sí mismas. No resisten la necesidad de mostrar lo que hicieron o harán. Y no es que lo deseen por ser elogiadas o aplaudidas.

En el fondo de su actitud lo que hay es soledad, carencia afectiva y miedo de no ser tomadas en cuenta. Quien llama la atención hacia si es un solitario y no lo sabe".

Amigos y amigas que leen este artículo, esa es la cruda realidad, una gran parte de nosotros necesita promocionarse para sentirse bien, viven del que dirán y de la aprobación de los otros, ignoran que lo más importante para tener una vida feliz es la aprobación propia, la tranquilidad interior, la paz interna , la conciliación con Dios y el prójimo; creemos que el éxito está en copiar los éxitos de los demás pero lamentablemente no es así, si se quiere triunfar, si se quiere tener éxito, si se quiere tener una vida feliz no se puede estar pendiente de lo que otros hagan o de la aprobación que estos expresen sobre nuestra propia vida, nuestros valores, nuestra conducta, nuestras actitudes y nuestras metas y objetivos. Pareciera que fuera una paradoja pero no lo es. No necesitamos del éxito de los demás para lograr el propio. Es el esfuerzo creador, nuestra iniciativa y perseverancia las que pueden motivarnos y eyectarnos al triunfo y a la felicidad. La vanidad lo único que puede regalarnos es la arrogancia, la soberbia, la prepotencia y el complejo de creernos mejores que los demás, nos produce una especie de engreimiento y una ficción de nuestras fantasías, en pocas palabras la vanidad deforma nuestra personalidad, la degenera, la eclipsa, la hace víctima de una metamorfosis para transformarla en algo banal, inútil e insustancial.

Quien es vanidoso también es presuntuoso y en consecuencia es orgulloso por lo que siempre pretenderá vanagloriarse y mostrar una excesiva confianza que no es tal, sino más bien, temor y complejo de inferioridad. De allí que el vanidoso y presuntuoso es siempre un acomplejado, es un individuo que posee padecimientos de carácter psíquico que lo obligan muchas veces a inhibirse lo cual no lo muestra cómo es realmente, ya que se esconde en esos complejos y los utiliza como una barrera para ocultarse y ocultar sus debilidades, en definitiva su arrogancia o su confianza se reducen a una gran debilidad y a un gran temor. Estas situaciones en la actualidad ejercen un predominio sobre un sector muy importante de la sociedad contemporánea, los especialistas lo han determinado, por lo que se deben tomar precauciones, medidas y soluciones que eviten esta problemática. Que la solucionen si ya se ha presentado o se creen mecanismos que de alguna forma impidan su desarrollo y propensión.

No es fácil, pero lo importante es que la solución depende de nosotros, de nuestras actitudes, de los cambios que podamos realizar en nuestra vida y en nuestro entorno. De la formación que obtengamos y de la que le proveyamos a nuestros hijos, de nuestra conducta y de los valores en los que creamos y adoptemos como norte y fundamento de nuestras acciones. Depende también de lo que consideremos como importante y trascendente en nuestras vidas, de nuestra idea y concepción de la verdad y la justicia, de la ética y de la moral que le impregnemos a nuestros actos, de acatar la voz de nuestra conciencia, del discernimiento de lo bueno y de lo malo, en definitiva de nuestra percepción del mundo y de la vida, de nuestra fe o de su ausencia, en el primer caso la creencia en Dios nos hace personas que han de vivir conforme a un conjunto de reglas que nos garantizan una vida feliz, no exenta de problemas pero con una fuerza suficiente para poder resolverlos, una vida sana y llena de mucho amor paz y alegría; y que en el segundo caso , es decir , el de ausencia de la fe, nos presentará como personas que por no tener temor a un ser superior y obedecer únicamente a sus principios, exhibirán una personalidad generalmente arrogante, vanidosa, presuntuosa y cargada de complejos. Son esas personas que en lo exterior se nos presentan como exitosas, prósperas, alegres, felices , sanas, llena de comodidades y aparentemente colmadas de todo bien y de ninguna carencia. Este último cuadro es conmovedor pero real. Lastimosamente no queremos darnos cuenta, y cuando lo hacemos ya es demasiado tarde y la vida se nos ha ido y no hay vuelta atrás.

Lo más fácil del mundo es ser vanidosos , presuntuosos y acomplejados . Las conductas que hemos señalado anteriormente son fáciles de asumir , de tal manera que si deseáramos tener todas esas características bastará que seas arrogante, engreído, prepotente, autosuficiente, incrédulo o ateo , no mostrar tu solidaridad con el prójimo ni con la sociedad , creerte superior a los demás, pensar que mereces todo lo bueno, grato y y hermoso y que los demás no tienen derecho a ello, creerte que todos están obligados a subordinarse a ti y a tus deseos y que tus carencias deben ser suplidas aun a costa de las carencias de los otros , pensar que por tus éxitos y logros el resto de los seres humanos te debe necesariamente consideración y respeto, cuando ciertamente éstos últimos extremos no se imponen sino que se ganan y precisamente no por nuestros éxitos sino por nuestra conducta, nuestro valores, nuestra moralidad, nuestra humildad y nuestra sensibilidad, aspectos de muy difícil cultivo y aún más difícil permanencia en nosotros en estos tiempos tan difíciles barnizados por la degradación, la amoralidad, la injusticia, el facilismo, el oportunismo, el arribismo y la desintegración del cuerpo social.

Para finalizar éstas reflexiones y con la aquiescencia vuestra, y además cumpliendo con el deber del ejercicio de mi fe católica, me permito extraer del catecismo de nuestra santa iglesia católica las llamadas: FUENTES DE LA MORALIDAD:

Artículo 04: LA MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS

1749 La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente elegidos tras un juicio de conciencia, son calificables moralmente. Son buenos o malos.

I LAS FUENTES DE LA MORALIDAD

1750 La moralidad de los actos humanos depende :

- del objeto elegido;

- del fin que se busca o la intención;

- de las circunstancias de la acción.

El objeto, la intención y las circunstancias forman las "fuentes" o elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos.

1751 El objeto elegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto del querer, según que la razón lo reconozca y lo juzgue conforme o no conforme al bien verdadero. Las reglas objetivas de la moralidad enuncian el orden racional del bien y del mal, atestiguado por la conciencia.

1752 Frente al objeto, la intención se sitúa del lado del sujeto que actúa. La intención, por estar ligada a la fuente voluntaria de la acción y determinarla por el fin, es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. El fin es el término primero de la intención y designa el objetivo buscado en la acción. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida. No se limita a la dirección de cada una de nuestras acciones tomadas aisladamente, sino que puede también ordenar varias acciones hacia un mismo objetivo; puede orientar toda la vida hacia el fin último. Por ejemplo, un servicio que se hace a alguien tiene por fin ayudar al prójimo, pero puede estar inspirado al mismo tiempo por el amor de Dios como fin último de todas nuestras acciones. Una misma acción puede también estar inspirada por varias intenciones como hacer un servicio para obtener un favor o para satisfacer la vanidad.

1753 Una intención buena (por ejemplo: ayudar al prójimo) no hace ni bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado (como la mentira y la maledicencia). El fin no justifica los medios. Así, no se puede justificar la condena de un inocente como un medio legítimo para salvar al pueblo. Por el contrario, una intención mala sobreañadida (como la vanagloria) convierte en malo un acto que, de suyo, puede ser bueno (como la limosna; cf Mt 6,2-4).

1754 Las circunstancias, comprendidas las consecuencias, son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos (por ejemplo, la cantidad de dinero robado). Pueden también atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra (como actuar por miedo a la muerte). Las circunstancias no pueden de suyo modificar la cualidad moral de los actos; no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.

El texto que se ha trascrito no ofrece mayores dificultades para su comprensión, solamente bastará que abramos nuestro corazón y dejemos que este permita anidar todas esas enseñanzas para qué afrontemos la vida con la fuerza, el amor, la justicia y el discernimiento santo, para qué aquella sea una vida fructífera, llena de paz, de alegría, de armonía, de equilibrio y en perfecta paz con Dios, con nuestro prójimo y con nosotros mismos. Gracias.-

domingo, julio 30, 2006

"EL CIELO, EL REINO DE DIOS Y LAS PROSTITUTAS"

Por Mervy Enrique González Fuenmayor

- Maracaibo, domingo, 23 de julio de 2006; 8:45 pm -

Desde hace unos cuantos días, ha venido revoloteando en mi cabeza, la posibilidad de escribir un artículo relacionado con las prostitutas y en general vinculado con aquellas personas que desafortunadamente andan por la vida descarriados con descarriadas por diversas razones y que van a constituir el centro de estas reflexiones. Me refiero no solamente a la mujeres que se han dedicado al oficio más viejo de la humanidad como lo es la prostitución, y que hoy en día ha adquirido modalidades y formas inusitadas y enmascaradas en el conjunto de relaciones que a ratos diere en la impresión de que se tratase de asuntos o negocios civiles con mercantiles, de prestación de algún servicio o simplemente un trabajo honesto. También como dijéramos al principio , este artículo tratará de abarcar no solamente a estas mujeres sino por extensión a otras personas que transitando el camino de la corrupción, el vicio y los antivalores han caído en una situación de degradación humana y en consecuencia apartados del camino y de la gracia y santidad a la cual Dios nos ha enseñado.

En el mundo actual existen numerosísimas personas que se rasgan las vestiduras solamente con pensar que las prostitutas, los recaudadores de impuestos, los ladrones y cualquier otro tipo de ser humano involucrado en la comisión de algún delito o de algún tipo de conducta que merezca la sanción social, puedan tener la posibilidad de ganar el cielo y de compartir con los mártires y santos el reino de Dios. Pues bien, déjenme desilusionarlos por cuanto en la palabra de Dios podemos encontrar fácilmente las expresiones dirigidas por nuestro Señor Jesucristo a sus apóstoles y a quienes escuchaban su prédica

"cuando Jesús dijo que las prostitutas y los cobradores de impuestos entrarían en el reino de Dios antes que ciertos religiosos de su tiempo, estaba revelando una gran verdad. A veces, personas que viven en circunstancias de pecado son más abiertas a la pureza y a la caridad que personas que, por juzgarse buenas y puras, no aceptan aprender nada de quien no pertenezca a su cerrado club de gente honesta. La bondad vanidosa no es bondad" (P. Zezinho "EL DIFÍCIL ARTE DE SER BUENO ".EDICIONES PAULINAS. CARACAS-VENEZUELA.1999)

Es triste pero con las responsabilidad que tenemos todo los cristianos, ha de afirmarse que en el mundo actual existen tipos de católicos cristianos y a veces por qué no decirlo, laicos comprometidos y predicadores que todavía no han logrado entender que Jesucristo fue enviado por nuestro Padre para sanar a los enfermos, y parafraseando su enseñanza, vino por los descarriados, por los perdidos, por las almas a punto de perderse o pérdidas ya, Jesús es un Dios de misericordia, de piedad, de ternura, de solidaridad, de tolerancia, de amor y en consecuencia vino a desarrollar la actividad más hermosa, tierna e importante que cualquier ser pudiera desplegar: el rescate de aquellos que estaban perdidos , del enfermo moral y físico, de aquel que se encuentra sumergido en el mundo de los vicios, de la droga, de la inmoralidad, de la corrupción, de la pedofilia, del sadomasoquismo , de las perversiones, de la incredulidad, de los que practican el satanismo, de los tramposos, de los mentirosos, los adúlteros de los alcohólicos, de los homosexuales, de los enfermos cualquiera que sea la patología, padecimiento o enfermedad que sufren, de los desprotegidos , de los niños, de los ancianos, de los deprimidos, de los desesperados, los hambrientos de justicia, de los estafadores, de los homicidas y de toda esa patología criminal, antisocial y contraria al bien común que hoy castiga y abruma el mundo entero.
Por ello causa tristeza que muchos grupos de oración, comunidades enteras vivan presuntuosas y hasta vanidosas porque según su mezquino criterio el Señor está únicamente con ellos, crasa visión del mundo y de la vida, y de la omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia del gran creador. Son ignorantes o simplemente no han entendido el verdadero sentido de la presencia de Cristo en nosotros, y que fundamentalmente tiene que ver con la salvación, y esta no le está vedada ni negada a ningún ser humano. Ya a la palabra del Señor nos reitera que para ser salvos se necesita entre otras cosas: Amar al Señor por encima del cualquier otra cosa, con todas las fuerzas de nuestro corazón, amar al prójimo, como a nosotros mismos, arrepentirnos de todo corazón por los pecados cometidos, solicitarle al Señor el perdón de los mismos y en una actitud de contrición, no volver a cometerlos. En este orden de ideas hay que recordar que la mayoría de nuestros santos llegaron- salvo excepciones- al camino de la santidad o la lograron, precedidos de un pasado y de un conjunto de antecedentes precisamente no tan transparentes ni llenos de conductas positivas, actos bondadosos, altruistas, generosos o espiritualmente ejemplares.

En el mundo actual existen un sector muy grande de personas que se encuentran viviendo en su propio infierno en esta vida terrenal, por haber asumido conductas contrarias a la moral, la ética y a la ley de Dios, aún así, tienen la preciosa y gran oportunidad de redimirse , dejando atrás ese pasado nefasto y censurable para iniciar una nueva vida en el Señor, ejerciendo y practicando sus mandamientos, recordemos qué hay fiesta en el cielo por cada pecador que se arrepiente y se convierte , y también está escrito que el pastor va en busca de la oveja perdida sin importarle las otras noventa y nueve que han quedado en el rebaño, para desarrollar un gran esfuerzo y rescatar a la oveja perdida y una vez encontrada, la alegría vuelve a su corazón porque el rebaño está completo y vuelve a su redil, así nos enseñó nuestro Mesías, Jesucristo en la parábola del buen pastor: yo soy el buen pastor las ovejas escuchan mi voz y me conocen, por ello me siguen, por qué además conmigo no les ocurrirá nada malo, en cambio quien no es su pastor, viene a engañarlas, a robarlas , a asesinarlas.

Así el título de estas reflexiones, está vinculado con lo expresado anteriormente, y esa razón nos permite afirmar que los seres humanos somos frágiles en el sentido de sucumbir muchas veces ante la tentación, por ello en nuestro caso y en el caso de la mayoría de los católicos cristianos y de las personas en general resulta muy pertinente y además favorable recordar y poner en práctica la siguiente expresión: "Con la tentación no se negocia". Esto se traduce en la práctica de nuestra vida, pero el en evitar con cedernos esos “permisitos” o “pequeñas licencias” para realizar actos que por su sencillez no poseen una carga muy alta de censura o de sanción moral, ética o espiritual. Por ejemplo:

- Si usted es una persona casada, ¿Por que darse permiso para coquetear con otra persona que no es su pareja?

- ¿Por qué incurrimos en alguna mentira aunque se trate de las llamadas mentiras blancas?

- ¿No vemos que una mentira lleva a otra y está a su vez lleva a otra y a otra, por lo cual indefectiblemente nos transformaremos en unos mentirosos?

- ¿Por qué, si somos comerciantes, remarcamos el precio de las mercancías que por efecto de mercado han subido y que por tenerlas almacenadas en nuestros depósitos no vendimos para especular con su precio?

- ¿Por qué asumimos en privado conductas que en nada se compadecen con las que adoptamos en público, estas últimas no guardan correspondencia con las que practicamos en nuestras casas y en nuestra vida cotidiana y que muchas veces son violentas, abusivas, intolerantes, rayando a veces en lo inmoral e ilícito?

- ¿Por qué somos discriminadores y por qué no aceptamos que otros que no son asiduos visitantes a la misa diaria, puedan en algún momento ser lectores o desarrollar alguna actividad religiosa dentro de nuestra comunidad, porque ellos o ellas son prostitutas, ladrones, drogadictos, corruptos etcétera?

- ¿Nos hemos preguntado en alguna oportunidad si hemos cumplido con nuestra obligación de llevarle la buena nueva a esas personas que precisamente ya hemos juzgado y condenado excluyéndolas de nuestro reducido club, de nuestro cenáculo, de nuestro grupo de oración o de nuestra parroquia?

No vemos las razones ni los motivos por los cuales algunas comunidades eclesiales y grupos de laicos asumen esta actitud. Es preciso que miremos hacia nuestro interno, buscando en nuestra interioridad ¿En donde están nuestros errores? Es urgente, necesario e imperativo ir al "Cuarto de nuestros chécheres" (Esta expresión en Venezuela significa: trasto o cosa inútil, y que guardamos en un lugar de nuestra casa, no público, para impedir que los terceros se enteren de las cosas que hemos tenido y que ya no usamos, porque no nos gustan o porque con las mismas cometimos errores, al adquirirlas , o cuando las usamos , o porque con ellas le hemos causado daño a otras personas) para que podamos hacer un inventario de todas aquellas cosas, sentimientos, afectos, complejos, odios, enemistades, resentimientos, miedos, temores, sufrimientos, traumas, y otras situaciones que habiendo quedado en el pasado todavía recordamos y las proyectamos en el presente y que traen como consecuencia nuestro repudió a todos aquellos que no son iguales a nosotros, que actúan distinto nosotros, que no confiesan nuestra propia fe o que simplemente conforme los criterios de conducta y valoración que manejamos son malos, perversos, impíos, crueles y servidores del mal, arrastrando por ello la carga o fardo de no tener derecho a que se le perdonen sus pecados o culpas , en fin, ya han sido sentenciados por nosotros, al fuego eterno del infierno.

Para ponerle fin a estas reflexiones me permitiré extraer algunos fragmentos de los evangelios de San Lucas y San Juan que por sus contenidos son categóricamente aleccionadores:

Evangelio según san Lucas capítulo 18 versos 9 al 14.

La parábola del fariseo y del cobrador de impuestos.

"Dos hombres fueron el templo a orar. El uno era fariseo, y el otro era uno de esos que cobran impuestos para Roma. El fariseo de pie oraba así "Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos. Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. Pero el cobrador de impuestos se quedó a cierta distancia, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba en el pecho y decía, Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador. Les digo que este cobrador de impuestos volvió a su casa ya justo, pero el fariseo no. Por qué el que a sí mismo se engrandece, será humillado y el que se humilla será engrandecido".

La palabra de Dios transcrita, ratifica en todo, lo que se ha venido afirmando anteriormente en relación con la posición asumida por ciertos cristianos y comunidades cristianas y eclesiales que no se sabe por qué razones no han logrado captar el verdadero sentido de la palabra sagrada. Allí para muestra está un ejemplo, la parábola del fariseo y del recaudador de impuestos es sin duda paradigma de nuestra naturaleza humana y de ese querer ser mejor que los demás y pensar que podemos manejar a Dios a nuestro antojo, al punto de desear que el mismísimo creador se ajuste a nuestros valores, instrucciones y órdenes, es triste pero es la verdad. Si tuviésemos el poder o la facultad, serían numerosas las personas que ya estuviesen condenadas por nosotros, pero afortunadamente no es así, el Señor conoce nuestra propia naturaleza pues El es nuestro Creador y afortunadamente Dios es misericordioso, piadoso y perdona todas nuestras faltas, no contentándose únicamente con ello, sino que además olvida y cancela absolutamente todos nuestros pecados, faltas, omisiones y transgresiones para nunca recordarlas y no sean utilizadas en nuestra contra en el juicio final como argumentos de nuestra responsabilidad, por qué su hijo Jesucristo llevó sobre sus espaldas todos nuestros pecados, culpas, faltas y transgresiones y con su muerte en la cruz clavó nuestras irresponsabilidades, inmoralidades, corrupciones y violaciones a la verdad , a la ética, a la vida y a su propio nombre.

Evangelio según San Juan, versos 14 al 16

Jesús, el buen pastor.

"Yo soy el Buen Pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil y también a ellas debo traerlas Ellas me agradecerán, y formarán un solo rebaño con un solo pastor. El padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre"

Infinidad de creyentes y no creyentes están contestes en concluir que uno de los textos más hermosos de la Biblia es este del buen pastor. Y es que la lección que contiene es sublimemente pedagógica, orientadora y ejemplarizante de lo que debemos considerar en nuestra vida rutinaria sobre los peligros que la rodean en cuanto a la simplicidad, superfluo, artificial, engañoso y antiético de un conjunto de situaciones, modos de vivir, consumismo, materialismo y otras formas de existencia que conspiran en contra de nuestra salvación, entre ellas la de los falsos profetas y por qué no decirlo la de los falsos pastores. En este orden ha de afirmarse que El dueño de la vida es el Señor: el nos la da y también tiene poder para quitarla, El es el supremo juez. Ya en este punto es fácil colegir que cometemos un grave error al juzgar a nuestros congéneres, simplemente porque no son como nosotros, porque no van a la iglesia, porque no se confiesan, porque no pertenecen a un grupo de oración , porque no andan predicando el evangelio, por qué caminan por senderos truculentos y llenos de oscuridad, porque practican la prostitución, porque viven en la inmoralidad, el alcoholismo, la droga o cometiendo acciones que niegan prácticamente la naturaleza humana tal y como Dios nos la regaló. No somos quienes para juzgar y condenar, ello es tarea de Dios, EL conoce el corazón de cada uno de nosotros nuestros pensamientos, acciones y omisiones, complejos, miedos, temores, y también conoce nuestra capacidad para enmendarnos y las limitaciones que tenemos que salvar y vencer para lograr el arrepentimiento, su perdón, en definitiva la posibilidad de ganar el reino de los cielos. No permitamos que nuestro egoísmo, nuestra mezquindad, nuestros complejos de superioridad y esa vanidad de querer ser mejor que los demás le quite y nos quite también a nosotros la gran oportunidad de coadyuvar al rescate de esas almas que yacen pérdidas y que pueden ser efectivamente sanadas y salvadas por la acción eficiente de la palabra de Dios y sus instrumentos que somos nosotros, encargados de llevar la buena nueva hasta el último confín de la tierra. Que así sea, amén y amén.-

martes, julio 18, 2006

"EL ANONIMATO Y EL BIEN"

por Mervy Enrique González Fuenmayor

- Lunes, 17 de julio de 2006 -

Para los seres humanos resulta a veces harto difícil mantenerse en el anonimato cuando realiza alguna acción que lo satisface y que al mismo tiempo tiene como destinatarios a otros seres humanos desvalidos, desprotegidos, viviendo en la indigencia o simplemente carentes de alimentación, vivienda, educación u otros factores o elementos para poder disfrutar una vida feliz y -por lo menos- con lo más necesario y esencial para su subsistencia . No deja de sorprender esta situación, si consideramos, la necesidad que la mayor parte de nosotros tenemos de notoriedad, fama y prestigio. Precisamente esta particular forma de vivir es la que ha venido causando grandes problemas a la humanidad. Ello puede percibirse de algunos personajes que hoy encumbrados alardean de ser buenos ciudadanos, ejemplos de virtud, iconos de moralidad y casi rayanos en la santidad o a la espera de su beatificación.

Estos planteamientos están motivados por lo recurrente de esta forma de conducirnos y por la pasmosa aceptación que la sociedad realiza respecto de estos seres que pensando que son mejores que los demás, se pasean por las plazas para obtener reverencias, genuflexiones, reconocimientos y otras loas para satisfacer su ego , y asumir una posición entre comillas: de superioridad frente al resto de sus congéneres . Pobres infelices, ignoran que el ejercicio de la bondad está enmarcado fundamental y esencialmente dentro de el anonimato, ya que quien practica el bien y espera recompensa, no ha hecho tal bien por cuanto si recibe una contraprestación por el acto bondadoso realizado lo que ha ejecutado es en verdad una negociación, según, yo te hago un bien y como beneficio particular recibo el reconocimiento, la gratitud, el prestigio y la relevancia del cuerpo social en el cual vivo, por esta razón y por otras que por cuestiones de espacio no comento, es por lo que cuando practicamos y ejercemos la bondad, el altruismo, la filantropía, la solidaridad social, la justicia, la ética, la moral y el amor al prójimo, debemos concretarlo cubriéndonos con él nada visible manto del anonimato. Solamente actuando de esta manera, practicaremos la bondad y el bien tal y como nos lo exigen no solamente la moral y la ética sino también la palabra de Dios. De esta manera amigos y amigas lectores es que Dios desea que le sirvamos, si es que en nuestro corazón y espíritu, existen dones y condiciones para desarrollar la reciprocidad, el amor al prójimo y el compartir con el resto de la sociedad lo poco o lo mucho que tengamos, y en este aspecto, no me refiero únicamente a los bienes materiales o económicos, ya que el bien no se reduce a estos factores o elementos exclusivamente, no necesitamos tener dinero o bienes para ejercer la bondad, ya que esta no reside únicamente allí, a veces una palmadita en el hombro, una palabra de aliento, un acto de solidaridad, el ejercicio de la misericordia o de la piedad, constituyen mayor ayuda que el regalo, la dádiva , la donación o el reparto de cosas materiales, ya lo dice el Señor " No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de su boca ".

Ojalá que estas reflexiones no caigan en el vacío, o en tierra estéril, agreste o inhóspita. Para finalizar transcribo unos párrafos que pienso serán de mucha utilidad para quien los lea:

" Una de las cosas más difíciles de la vida es seguir la propuesta de Jesús sobre la caridad fraterna: " Que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha" ( Mateo 6,3 ). Jesús propone que quien de limosna no se lo cuente a nadie. Que tal hecho quede entre el benefactor, el beneficiado y Dios.

Pero, si observamos nuestra vida, veremos que, tarde o temprano, todos tenemos la tentación de recordar alguna caridad que hicimos. Puede ser que el bien que hicimos a su vez nos haya causado tanto bien que sintamos la necesidad de compartirlo.

Si fuera sólo por eso sería más que justo. Pero...¿y si no fuese así ?

La gran tentación de todo aquel que hace el bien es, tarde o temprano, autopremiarse, haciendo que alguien conozca lo hecho ...¡Es difícil ser bueno y optar por el anonimato!

Aunque tenga conciencia del abuso en que suelo incurrir, respecto de las citas y transcripciones de otros articulistas, componedores y autores, ofrezco todo género de excusas, pero debo aclarar que este estilo me ha permitido hacerme entender pues el proceso de cogniciòn se realiza con mayor facilidad si nos auxiliamos de la palabra, del ejemplo, y del razonamiento de otros que con diferente perspectiva plantean o tratan la problemática abordada. En este caso la pertinencia obliga a parafrasear al filósofo español JOSE INGENIEROS quien en su obra : EL HOMBRE MEDIOCRE (CARACAS-VENEZUELA.. EDITORIAL PANAPO.1986 ) nos refiere lo siguiente:

" Es desdeñable todo lo que suele desear o temer el egoísta. Si las resistencias en el camino de la perfección dependen de otros, conviene hacer de ellas caso omiso, como si no existiesen, y redoblar el esfuerzo enaltecedor.

Ningún contratiempo material desvìa al idealista . Si deseara influir de inmediato sobre cosas que de el no dependen, encontraría obstaculos en todas partes ; contra esa hostilidad de su ambiente sólo puede rebelarse con la imaginación mirando cada vez más su interior. El que sirve a un ideal, vive de el ; nadie le forzarà a soñar lo que no quiere ni le impedirá ascender hacia su sueño " . Buenas noches. Sabré agradecer cualquier comentario siempre que sea constructivo, lo más importante entre los seres humanos en la comunicación , si tienes una crítica hazla, pero de manera constructiva, de forma, que podamos encontrar caminos para subsanar los errores y a su vez permitir que este medio sea productivo en lo moral, ético y social para todos los que navegamos por la red. Que Dios y la Virgen María les bendigan... amén.”

domingo, julio 16, 2006

TEMPERAMENTO EXPLOSIVO

por Mervy Enrique González Fuenmayor

- Sábado, 15 de julio de 2006 -

El título de este artículo no debe dejar de sorprender a cualquiera de los lectores que siguen este sitio. Y es que, ninguno de nosotros estamos exentos de haber incurrido por lo menos una vez en nuestra vida, en actitudes y reacciones violentas y hostiles dirigidas a las personas que de alguna forma integran nuestro entorno o círculo de familiares, amigos, compañeros de trabajo y otros individuos que constituyen el grupo o sociedad en el cual desarrollamos nuestra existencia. En principio la expresión temperamento ha sido malinterpretada o simplemente no se ha tomado conciencia del significado exacto que traduce esta expresión. Por ello se ha creído prudente colacionar lo que al respecto nos indica el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Veamos:

“Temperamento. (Del lat. temperamentum). m. Carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas. || 2. Manera de ser de las personas tenaces e impulsivas en sus reacciones. || 3. Vocación, aptitud particular para un oficio o arte. || 4. Temperie. || 5. Arbitrio para terminar las contiendas o para obviar dificultades. || 6. Biol. Constitución particular de cada individuo, que resulta del predominio fisiológico de un sistema orgánico. || 7. Mús. Ligera modificación que se hace en los sonidos rigurosamente exactos de ciertos instrumentos al templarlos, para que se puedan acomodar a la práctica del arte”. (Microsoft® Encarta® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation.)

Como puede observarse del texto anterior, se colige muy fácilmente que el temperamento se relaciona con el carácter y además con la vocación o aptitud particular que se tenga para un oficio o un arte. Pero si nos detenemos en la definición anterior se podrá igualmente notar que el temperamento también está vinculado con la constitución particular de cada individuo, lo cual se materializa en el dominio fisiológico de un sistema orgánico. Ahora bien, en este sentido los psicólogos y psiquiatras son los profesionales más autorizados y competentes para determinar en qué casos y en qué situaciones se concretará ese predominio fisiológico del sistema orgánico en un individuo. Por ello se han desarrollado a lo largo de la historia un conjunto de clasificaciones tendentes a esquematizar las diferentes personalidades atribuibles a los individuos de allí que algunos hablen de tipos como: pícnico, leptosomático y atlético en la clasificación de JUNG. Aunque este artículo no persigue el estudio de las diversas tipologías o clases de individuos partiendo de su carácter, debemos afirmar que ninguno de nosotros es exclusivamente leptosomático, pícnico o atlético, ya que esa unicidad no existe.

Pero vamos al punto que es el centro de la presente reflexión. En realidad todos y cada uno de nosotros en determinados momentos de nuestra existencia somos explosivos, algunos más y otros menos, pero todos hemos desarrollado como ya quedado dicho por lo menos una vez en nuestra existencia un temperamento hostil y explosivo. Resultaría conveniente recordar en qué ocasiones, momentos y situaciones hemos sido o actuado de manera temperamentalmente explosiva. Examinemos cuáles fueron los motivos, las causas, los factores y otros elementos que a manera de interruptores encendieron en nuestro espíritu, en nuestro corazón, en nuestra mente la violencia como un medio de ataque o de defensa en una situación específica. De cierto os digo que en nuestro pasado remoto o reciente nos encontraremos con conductas y actitudes ausentes de paz, de reflexión y de ponderación. En esos momentos pareciera que la racionalidad nos ha abandonado para darle paso -Dicen los psiquiatras, psicólogos y otros profesionales que estudian la conducta -, a lo más atávico, primitivo y salvaje de nuestro ser.

No obstante lo que hemos señalado anteriormente, creemos que el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, tiene el poder ,dado por Éste, para controlar estas explosiones de iracundia, agresividad y violencia que pudieran presentarse en virtud del dinamismo y de los factores predominantes en la sociedad actual, caracterizada por un consumismo desmedido, ausencia de valores, carencia de moral, ausencia de reciprocidad y solidaridad con el prójimo, el materialismo cabalgante, la incredulidad y la falta de temor a Dios. Estas razones permiten que aseveremos que la agresividad y la violencia como formas de conducta conducen al individuo al fracaso, a la infelicidad y a la destrucción de su propia vida y la de los demás.

El individuo o persona que no haya dominado su temperamento hostil, violento e iracundo con sus semejantes está destinado a tener un fin no deseado con el riesgo inclusive de no "querer" acceder ni a la misericordia de Dios, ni a su perdón, es por esto que es tan importante que arranquemos de nuestro corazón, mente y espíritu, los sentimientos de odio, rencor, maldad, prepotencia, autosuficiencia, vanidad, incredulidad, egoísmo, idolatría, materialismo y otros que corroen nuestra vida.

Para finalizar me permito citar literalmente un extracto del libro "El difícil arte de ser bueno" escrito por el sacerdote P. ZEZINHO (San Paulo, Brasil. Ediciones Paulinas. 1999. Quinta reimpresión. Páginas 15 y siguientes).

"Las personas de temperamento explosivo pagan un precio altísimo en su vida. No son personas felices y no se adaptan sino a convivir con unos pocos que, a decir verdad, más las soportan que las aman. Existen honrosas excepciones. Y son aquellos que, a pesar del terrible temperamento que poseen, logran cierto éxito entre sus amigos. La mayoría sin embargo, si esta rodeada de otra gente, o es en virtud del cargo que ocupan, o por el dinero, o por otros intereses, nunca sabe con certeza si son amados o temidos, o si apenas se los soporta.

Su problema proviene de una educación fallida. En algún sitio o alguien no llego a demostrarles que, para vivir bien, es preciso perdonar y comprender. Y las personas explosivas no saben y comprender ni perdonar. Su mecha es tan corta que basta una pequeña llama para que exploten. Viven intensas y producen tensión a su alrededor. En la raíz de todo, aunque a nadie le guste reconocerlo, hay un egoísmo bastante acentuado. India lisa en el no a su gusto, habitado por personas que deben comportarse de determinada manera. Y deciden entonces, que para su gusto es así que la gente debe hablar o hacer. Quien se sale de la norma los incomoda. Es decir, se sienten el eje de la humanidad. Todos debe elegir a su alrededor. Y también se sienten un poco dueños de la situación, por eso no admiten falla su errores. Sólo que no consiguen ser dueños de sí mismos y controlar sus arranques.

Tales personas pueden ser generosas y buenas la mayor parte del tiempo. Pero este triste temperamento acaba con ellas. Envenenan ambiente en que viven y viven envenenadas con su propia insatisfacción. Para ellas ser bueno es mucho más difícil. Es que el enemigo no viene de afuera, sino de adentro”.

La claridad del texto anterior es contundente para afirmar que dificulto que a cualquier lector le haya quedado duda alguna en relación al origen y consecuencias de poseer un temperamento hostil o de no tratar de corregirlo para bien propio y el de la sociedad.

Finalmente un proverbio ilustra la reflexión anterior:

"TODOS LOS HOMBRES SON HECHOS DEL MISMO BARRO PERO NO DEL MISMO MOLDE”.

QUE JESÚS EL SALVADOR Y NUESTRA VIRGEN MADRE MARÍA LOS BENDIGAN.-